“El aire ya no es aire, sino aliento; el agua ya no es agua, sino espejo, porque el agua es apenas tu reflejo y ruta de tu voz es sólo el viento… Ya la herida es floral deshojadura y la muerte es fluencia de ternura que a ti me liga con perpetuos lazos.” Así, con la sutileza que expresa el fragmento del poema El aire ya no es aire, se entrelazan los sentimientos y el imaginario de una pluma que con trazos firmes se hizo espacio dentro de las letras venezolanas.
Miguel Otero Silva, el autor, es reconocido no solo por la emotividad de sus textos, si no por la sensibilidad social que impregnó con gritos de protesta en defensa de la dignidad.
“¡Yo soy el Negro Lorenzo! negro del Tuy, negro negro. Noche con alma. Tambor dormido bajo mi pecho… Negro cortador de caña, como mi abuelo y mi padre, esclavo negro de todos, esclavo no soy de nadie. Esclavo no soy de nadie porque soy lo que no soy, tengo un dolor de candelas y un palpitar de tambor…”.
El despertar de la conciencia y la emancipación son las premisas que se desprenden del Poema corrío del Negro Lorenzo, que cual llamado de tambor, como lo expresa el autor en su obra, retumba en el reconocimiento de un pueblo que aún lucha por resaltar su identidad.
La obra Siembra recoge, cual árbol de la vida, los destellos de una añoranza terrenal escoltada por la eternidad: “¡Escúchame! yo aspiro a que vivamos en las vibrantes voces de la mañana. Yo quiero perdurar junto contigo en la savia profunda de la humanidad: en la risa del niño, en la paz de los hombres, en el amor sin lágrimas. Por eso, como habremos de darnos a la rosa y al árbol, a la tierra y al viento, te pido que nos demos al futuro del mundo…”.
Un extenso legado forma parte del pensamiento de uno de los ensayistas más relevantes de la literatura venezolana que se ganó la atención de su pueblo cuando su ímpetu y gallardía lo ubicaron dentro de la emblemática Generación del 28, el grupo de estudiantes universitarios que se atrevieron a retar las imposiciones de la dictadura de Juan Vicente Gómez.
Sus expresiones se sumergían en diversas corrientes que le permitieron hacerse nombre como uno de los ensayistas y poetas más representativos del país, siendo su tenacidad poética, una sus cartas de presentación.
Escritos como: Hallazgo de la piedra; La sexta voz del coro de este lago; Tu voz; Tú y Tres variaciones alrededor de la muerte, entre muchos otros, influyeron en la literatura criolla de la misma manera en que sus novelas rompieron esquemas e impulsaron conciencias.
Su importante labor no solo se limitó a la exaltación de lo mágico-poético, pues, se desarrolló como humorista, novelista, periodista y político.
Nacido en Barcelona (Anzoátegui) el 26 de octubre de 1908, Miguel Otero Silva, jamás imaginó que al abandonar sus estudios en ingeniería se le abrirían las puertas a un mundo dominado por las letras y la rebelión.
El acoso por su constante crítica al gobierno de Gómez, lo obligó a huir de Venezuela y exiliarse en Trinidad, Curazao, España, Francia y Bélgica.
A la caída del dictador regresó al país, sin embargo, el gobierno liderado por Eleazar López Contreras, lo expulsa del territorio nacional, por considerar que sus escritos eran impertinentes, lo que obligó a Otero Silva a recorrer países como México, Estados Unidos, Cuba y Colombia.
En 1941 regresa al terruño, y en 1943 funda el diario El Nacional, con el cual profundiza su vena periodistica y reflexiva, en medio de una nación que atravesaba profundas transformaciones, esas, que lo llevaron a optar el cargo de senador del Congreso Nacional, de la mano del partido Unión Republicana Democrática (URD).
Su prolífica carrera dejó importantes obras emblemáticas como: Fiebre (1939), Casas muertas (1955),Oficina Nº 1(1961), considerada la continuación de Casas muertas; La muerte de Honorio (1963), la conocida historia de los Victorinos que narra la novela Cuando quiero llorar no lloro (1970), así como, Lope de Aguirre, príncipe de la libertad (1975) y su última obra, La piedra que era Cristo (1984).
También escribió los poemarios La mar que es morir (1965) y Poesía hasta 1966 (1966), los cuales constituyen el pensamiento romántico, sencillo y soñador de un luchador dispuesto a defender el derecho a la libertad.
El 28 de agosto de 1985 dejó de existir este venezolano que jamás se rindió ante las imposiciones, los maltratos y la barbarie de la dictadura.
Fuente: AVN/ Por: Christian Gutiérrez Velasco
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