12 de diciembre de 2010

La verdadera credencial de Ileana...

Lo curioso es oír a Ileana Ros-Lehtinen manifestarse como una abanderada de la libertad, la democracia y los derechos humanos, porque su historial político demuestra exactamente lo contrario...
Nicanor León Cotayo


La congresista estadounidense Ileana Ros-Lehtinen acaba de ser nombrada como nueva presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

Sucede luego que en las recientes elecciones de medio término el Partido Republicano obtuvo una amplia mayoría en esa institución parlamentaria y avanzó en el Senado.

En una de sus primeras declaraciones, la señora Ros-Lehtinen dijo: “Estoy comprometida a hacer todo lo que esté a mi alcance para aislar a los enemigos de Estados Unidos y fortalecer a nuestros aliados, y no pediré disculpas por hacerlo”.

Como es habitual atacó fuertemente a Cuba y además, entre otros asuntos, prometió enfrentarse a quienes, según ella, desean destruir la libertad y la democracia.

También aseguró que trabajará para contrarrestar “las amenazas que representan para nuestra nación países irresponsables y violentos extremistas”.

¿Quién dictaminaría que tales países son irresponsables y que tales individuos son violentos y extremistas? ¿la ONU? No, Ileana como instrumento de la extrema derecha que celebró con champán el triunfo electoral que, en primer lugar, le facilitó la actual crisis económica.

Lo curioso es oír a Ileana Ros-Lehtinen manifestarse como una abanderada de la libertad, la democracia y los derechos humanos, porque su historial político demuestra exactamente lo contrario.

Procede de una familia vinculada en Cuba hasta 1958 con la tiranía de Fulgencio Batista. Luego del triunfo de la Revolución su padre, Enrique Ros Pérez, estuvo muy vinculado en la Isla a grupos subversivos ligados a la CIA.

Después que con su familia se trasladó a Miami, ya en febrero de 1960, cuando la referida agencia de espionaje fundó allí una estación en esa urbe floridana estableció cálidas relaciones con los terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Avila.

Durante su primera campaña electoral para llegar a la Cámara de Representantes, a fines de la década del 80 del siglo pasado, Ileana encabezó una ruidosa campaña destinada a obtener la liberación de Bosch Avila, a quien las autoridades norteamericanas detuvieron y deseaban enviar fuera del país debido a sus múltiples fechorías terroristas.

Un editorial del periódico The New York Times dado a conocer un poco después afirmaba:

“…a pesar de que existe una creciente repulsión por el terrorismo, incluso entre los exiliados cubanos más recalcitrantes, el senador Connie Mack, la representante Ros-Lehtinen y otros políticos han ejercido una intensa presión para obtener la excarcelación del doctor Bosch”.

Con el apoyo del entonces presidente George Bush, Ileana y sus aliados de Miami lograron sacar en libertad a Bosch, y desde entonces ella y su padre no han ocultado la fuerte simpatía que les une a quien fungió con Luis Posada Carriles como autor intelectual de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano donde en octubre de 1976 murieron 73 personas.

También sintetiza a Ileana su apasionado respaldo a la conocida invasión que ejecutó George Bush (hijo) contra Iraq, para fundamentalmente apropiarse de las grandes reservas de petróleo de ese país árabe, hecho ampliamente rechazado por la inmensa mayoría de la opinión pública internacional, y únicamente saludado por lo peor del mundo político de Estados Unidos.

Aún se recuerda el famoso viaje que hizo Ros-Lehtinen a Honduras para abrazarse con el gorila-golpista Roberto Micheletti, quien se apoderó del poder allí luego de que el presidente legítimo, Manuel Zelaya, fuese expulsado del poder gracias al apoyo apenas encubierto de la Casa Blanca.

Si algún otro ejemplo fuese necesario citar para este resumen, entre tantos de parecido plumaje, puede recordarse el caso del secuestro en Miami del niño cubano Elián González por llamados “familiares lejanos”, reclamado por su padre desde la Isla y convertido en noticia mundial.

Hasta prominentes figuras del mundo político, judicial, cultural y religioso de Estados Unidos, más otros muchos ciudadanos norteamericanos se inclinaron a favor de que el pequeño fuese devuelto a su padre.

Solo a Ileana -quizás más aislada que nunca- se le ocurrió asociarse con sus secuestradores y aparecer junto al niño cubriéndolo con una bandera de aquel país. Brutal paletada de fango que aún la salpica.

Naturalmente que sus antecedentes son mucho más extensos, vergonzosos y comprometedores, pero baste una muestra de su verdadera credencial, ahora como jefa de la poderosa Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

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