Autores como José Joaquín Olmedo en sus cantos Junín y Bolívar, así como el ecuatoriano Juan Montalvo, le dedicaron al Libertador páginas que constituyen panegíricos a su acción guerrera y sus proyectos de unidad suramericana No sería sino después de su muerte, ocurrida un día como hoy en Santa Marta, Colombia 1830, cuando se reivindicaría plenamente el legado de Simón Bolívar, tanto en la Venezuela del segundo gobierno de José Antonio Páez –que se vio obligado a reconocer el clamor popular de traer los restos del fundador y Padre de la Patria– como en otras latitudes del mundo. Para ello hubo que esperar a que el comandante Chávez liderara la Revolución Bolivariana y reencendiera la llama que se apagó en aquel puerto colombiano.
Pero mucho antes, la figura del genio caraqueño ya había concitado la mayor atención en los ámbitos intelectuales del continente.
LOS ESCRITORES Y BOLÍVAR
Autores como José Joaquín Olmedo en sus cantos Junín y Bolívar, así como el ecuatoriano Juan Montalvo, le dedicaron al Libertador páginas que constituyen panegíricos a su acción guerrera y sus proyectos de unidad suramericana.
El argentino Domingo Faustino Sarmiento, en la “Introducción” a su Facundo hace una defensa memorable de Bolívar frente a sus detractores rioplatenses, quienes pretendían dar relevancia a José de San Martín a expensas de los méritos militares del caraqueño.
En dicho texto Sarmiento expone que no podían compararse las dificultades que Bolívar confrontó para organizar las tropas que dieron la independencia a cinco naciones, desde el Caribe hasta el Potosí. Se trataba, indica el autor argentino, de montoneras que jamás habían conocido disciplina, ejércitos que adelantaban campañas careciendo de los recursos indispensables para una fuerza militar con trayectoria. Por su parte, el general San Martín contó con financiamiento y aprobación del Congreso del Río de la Plata para adiestrar e instruir, durante dos años, sin perturbaciones, en Cuyo, provincia de Mendoza, a los cerca de cuatro mil hombres que formarían su soberbio “Ejército de los Andes”.
Con dicha fuerza, unos cuatro mil hombres, el prócer del Sur atravesaría la cordillera para caer sobre Chile, dando, con las batallas de Maipú y Chacabuco, la independencia dicha nación. Luego se dirigiría al Perú, cuyo territorio libertaría parcialmente, aunque tras su retiro, en 1822, los territorios liberados se pierden casi en su totalidad por la errática conducción militar de los sucesores del héroe de Yapeyú.
Además de Sarmiento, otros escritores suramericanos dedican a Bolívar páginas emotivas de admiración. José Martí estudió el contexto en que se desplazó el Libertador, y durante su estadía en Caracas, investigó y trabó conversación con descendientes de aquellos soldados que acompañaron a Bolívar en su gesta. Del mismo modo, Martí, quien ya venía estudiando las proclamas del caraqueño y los relatos sobre su vida, cinceló en una frase el significado del Libertador para nuestros pueblos “Bolívar tiene que hacer en América todavía”.
También el uruguayo José Enrique Rodó asume al Libertador como fuente de identidad en el marco de su visión de Ariel frente al Calibán, el Sur contra el Norte que se representaba en la emergente potencia imperial de Estados Unidos y sus amenazas de expansión a expensas de los pueblos y la cultura hispanoamericana.
EN NORTEAMÉRICA Y EUROPA
También en círculos intelectuales de Estados Unidos y países de Europa, en vida del héroe caraqueño, su actuación política y militar se convirtió en centro de discusiones entre los liberales y socialistas utópicos de una parte, y los conservadores y defensores del régimen monárquico por la otra. La figura del gran caraqueño era centro de discusiones debido a los sucesos políticos en los que destacaba y a las campañas que condujo de este lado del Atlántico en contra de los realistas.
Téngase en cuenta que mientras los países de la llamada Hispanoamérica se independizaban de la Península, las naciones del Viejo Mundo se debatían entre el monarquismo que defendía la Santa Alianza, bloque político y militar de una parte, y las corrientes liberales, el emergente romanticismo y el socialismo utópico que se iniciaban en la escena pública en pos de una visión de modernidad, democrática, de respeto al derecho de los pueblos a elegir sus gobiernos y las libertades del individuo frente al absolutismo de los reyes.
En este contexto, la figura de Simón Bolívar, entre 1819 y 1830 nucleará uno de los centros del debate intelectual tanto en EEUU como en Europa.
EEUU ANTE BOLÍVAR
En cuanto a Estados Unidos debe señalarse que los gobiernos de aquel país se mantuvieron como distantes espectadores de la Guerra de Independencia en las colonias que enfrentaban a la entonces potencia española. Algunas voces aisladas como la de Henry Clay, representante en el congreso de aquel país y articulista, inicialmente desde 1813, expusieron la necesidad de dar respaldo a las fuerzas emancipadoras de Suramérica. Sin embargo, sería el mismo Henry Clay quien años después expresaría el más frontal rechazo a los proyectos anfictiónicos del Congreso de Panamá promovido por Bolívar. Esa posición pudo tener su origen muy posiblemente en 1817, cuando una pequeña fuerza de venezolanos al mando de Gregor Mac Gregor desembarcó en la isla Amelia de Florida, para entonces posesión española, y la liberó.
Como se recuerda, el gobierno de James Monroe se opuso a esa acción, desalojó con su flota a los patriotas suramericanos y tomó el control de la isla, la que no regresaría jamás al dominio español.
La prensa estadounidense reflejaba estos debates y en la medida en que asentaba la perspectiva expansionista de EEUU, su intelectualidad hacía suyas las posturas antibolivarianas más extremas. Así lo recoge una carta que en 1829 le envía a Bolívar Belford Wilson, a quien había designado cónsul en Washington, en tiempos en que afloraban las disensiones dentro de la Gran Colombia. Wilson, antiguo edecán del Libertador, le indica a éste: “Por aquí tienen contra usted una agresiva campaña, y pienso que detrás de ella se encuentra Clay”.
GUERRA MEDIÁTICA
Los grandes diarios de Londres y París, entre 1819 y 1828, recogieron las opiniones que desde este continente llegaban acerca de las campañas militares, la organización de los nuevos estados que se emancipaban de España y los proyectos constitucionales del Libertador, destacando el reconocimiento a la obra del caraqueño. Y sobre este tema conviene examinar los escritos de Jesús Rosas Marcano sobre la prensa europea y la guerra de independencia venezolana.
Al igual que en Norteamérica, ya para 1830 una parte de la intelectualidad y los medios impresos de esa parte de Europa, adelantó frente a la figura de Bolívar, campañas difamatorias, acusándole de pretender coronarse rey. Fue una verdadera guerra mediática, en la que seguramente influyeron las campañas periodísticas que desde Bogotá y Lima impulsaron los grupos santanderistas y antibolivariano.
Como le ocurrió al comandante Braveza, el Libertador vivió sus últimos días en lucha contra la enfermedad y contra el veneno de los medios.
Texto/ Néstor Rivero
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