20 de diciembre de 2013

El 8-D demostró que en el país no hay dos mayorías sino una mayoría y una minoría

El abogado constitucionalista -durante un foro organizado por el Mppeu- celebró la reunión entre el Gobierno Nacional y la oposición, y afirmó que el mandatario “ha sido muy acertado” al insistir en la idea “de encontrar un espacio de encuentro en la fuente de legitimidad democrática que es la Constitución” Las elecciones municipales del 8 de diciembre dejaron varias cosas en claro. Una de ellas es la voluntad de paz del pueblo venezolano, y otra, que en el país no hay dos mayorías, sino una mayoría y una minoría considerable, explicó ayer el abogado constitucionalista Hermann Escarrá.

Escarrá fue uno de los ponentes del conversatorio Gloria al bravo pueblo, organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria (Mppeu) y efectuado ayer en Café con Letras con la participación del viceministro de Planificación Estratégica del despacho de Educación Universitaria, Humberto González, y del director de la Fundación Correo del Orinoco, el filósofo Carlos Ortiz.

En declaraciones a los medios de comunicación antes de iniciarse la actividad, el jurista enfatizó que en Venezuela quedó en evidencia, con el proceso del 8-D, que no hay dos mayorías, sino que “hay una mayoría y hay una minoría considerable, importante y reconocida, nadie discute eso, pero hay una mayoría”. Y esa mayoría “volvió a expresarse” y dejó una diferencia de 11 puntos. Eso significa que “se ratifica la legitimidad de las instituciones”, celebró.

En su opinión la oposición cometió un error muy grande “al hablar de plebiscitar” las elecciones del 8-D. Explicó que el plebiscito “tuvo un origen muy noble” en Roma, porque eran “los líderes populares quienes presentaban sus informes a las comunidades”, pero con el tiempo se convirtió “en un mecanismo de los sistemas autoritarios”, como la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.
CON LA CONSTITUCIÓN

Escarrá alabó el encuentro entre el Jefe del Estado y la oposición, efectuado el miércoles en la noche en el Palacio de Miraflores. A su juicio, “el Presidente ha sido muy acertado” al insistir en la idea “de encontrar un espacio de encuentro en la fuente de legitimidad democrática que es la Constitución”. Ese, añadió, “es el escenario: en primer lugar, el del reconocimiento que nos debemos todos”.

El mandatario Nicolás Maduro “es el Presidente de la República y de todos los venezolanos, producto de la voluntad popular y del ejercicio de la soberanía nacional”. La Carta Magna “es la única en la historia de Venezuela aprobada directamente por la voluntad popular”, por lo que su legitimidad es incuestionable. “En consecuencia, ese escenario es propicio para un diálogo respetuoso”, lo que no quiere decir “que no se tengan diferencias”.

Mas por encima de las divergencias, Escarrá sostuvo que “se puede llegar, sobre todo en el amor a la patria, en los objetivos nacionales, a puntos de acuerdo desde las diferencias, desde los distintos puntos de vista, pero nunca desde la violencia, nunca desde la descalificación, nunca desde el cuestionamiento, la impugnación de las instituciones”

Escarrá subrayó que Venezuela quiere paz, y que “si alguna lección todos nosotros recibimos el 8 de diciembre” fue justamente la necesidad de preservar la convivencia. “La gran lección, el gran destello de luz que nos manda el pueblo de Venezuela es la búsqueda de la paz; el entender que no existen dos mayorías” sino una mayoría y una minoría.

La coordinación entre los tres niveles de gobierno “es un mandato constitucional”, acotó. También remarcó que el sistema comunal, tan denostado por la oposición, “está previsto en la Constitución”. Negó que se trate de “una organización paralela”, y recodó que está en varios artículos de la Carta Magna en los que se establece el poder comunal, con figuras como la asociación comunitaria. Al revisar las normas “vamos a encontrar el régimen de la organización comunal, que no está en contradicción con el régimen municipal” sino que lo complementa y lo fortalece: “Hace la democracia más directa” y participativa. Negar el poder comunal sería una traición a la historia, al poder constituyente del pueblo y a la propia Constitución, advirtió.

“El constituyente, me parece que sabiamente, organizó, creó una institución, el Consejo Federal de Gobierno, que preside el Vicepresidente” y a quien le corresponde el trabajo diario de esa instancia, con la presencia de las regiones, los municipios y el Poder Popular, ratificó el constitucionalista. Mencionó también que una de las tareas del CFG es la compensación territorial, para equilibrar los ingresos de los estados que tienen menos población.
DIFERENCIAS ABISMALES

Consultado sobre el tema, Escarrá enfatizó que hay grandes diferencias entre la Constitución de 1961 y la Carta Magna de 1999. “La Constitución de 1961 responde a un acuerdo de partidos políticos, expresado en el Pacto de Punto Fijo, que se denominó el régimen de la partidocracia”, describió. El jurista comentó que la manera de distorsionar la democracia era con la plutocracia, cuando el poder económico determina el poder político, “o a través de la partidocracia, cuando se secuestra la soberanía popular”, y esa fue una de las grandes denuncias de Chávez.

La Carta Magna bolivariana sostiene que la soberanía reside en el pueblo, por lo que “en el orden de la concepción de la democracia profunda, de la democracia social y de la soberanía, sin lugar a dudas la Constitución” es la cima “de todo el proceso constitucional venezolano”. También lo es en la organización de los poderes públicos y la defensa de los derechos humanos: “Yo dificulto otra Constitución en el mundo con esa propuesta” de libertades y derechos “que abarca, incluso, hasta normas de carácter transgeneracional”, confirmó.

El abogado reafirmó que es “una Constitución revolucionaria”, la “única en la historia de las constituciones venezolanas que es promovida, desarrollada y aprobada directamente por la voluntad popular”. Resaltó el hecho de que no existan tres poderes, sino cinco, con el Consejo Moral Republicano que era el planteamiento formulado por el Libertador Simón Bolívar; también, el Consejo de Estado, “propuesta del Libertador en 1817”.

Para Escarrá, la Carta Magna no es solo una forma o una liturgia, sino “un contenido ideológico de cambio, de transformación” y de reencuentro “con lo que somos, con nosotros mismos”. Muestra de ello es el reconocimiento del carácter multicultural y pluriétnico.
CONSTITUCIÓN DE TODOS

Carlos Ortiz, al dar la bienvenida al conversatorio, indicó que era el tercer diálogo en Café con Letras -gracias al apoyo del ministro del Poder Popular para la Educación Universitaria, Pedro Calzadilla- lo que debía ser considerado un buen augurio para 2014. Se refirió las palabras que pronunció Escarrá el pasado domingo en el Cuartel de la Montaña, y resaltó que la Constitución es de todos los que crean en la libertad y en la dignidad del pueblo.

Ortiz rememoró las palabras del dirigente de la República Española, Manuel Azaña, sobre la dignidad popular, planteamiento que recibió como respuesta el desafío de la derecha, con un retador “nos vemos en la calle” que la historia sabe cómo terminó: miles de víctimas del régimen franquista, miles de exiliados, miles de torturados, miles de expatriados. Antes de las elecciones municipales del 8 de diciembre la derecha venezolana esgrimió su amenaza contra el presidente Nicolás Maduro y contra todo el pueblo, al decir “vamos por ti”, recordó el filósofo.

El vocero se refirió a la reunión entre el Jefe del Estado y la oposición y opinó que no deja de ser un logro que el antichavismo haya dicho que reconoce la Carta Magna.
PROCESO COMPLEJO

Tal como lo describió Escarrá en el conversatorio, la Constitución Bolivariana es producto de un proceso complejo, ya que Venezuela se encontraba, en los años 90 del siglo XX, en el dilema de optar por la violencia o por la paz. “Se había deslegitimado en términos graves, pero muy graves, el poder”. Hizo un recuento de los acontecimientos políticos de comienzos de la década, como un Presidente (Carlos Andrés Pérez) enjuiciado, una crisis económica y social muy grave, el aumento de la pobreza, la destrucción de las instituciones de la sociedad y El Caracazo.

El abogado narró un episodio que le tocó vivir como profesor en las entonces Fuerzas Armadas: en una clase se conversó acerca del estado de excepción, y varios alumnos se pararon para decirle que había “cuatro militares corruptos” en el salón.

Además, agregó, “los partidos políticos habían perdido toda representatividad” y a alguien se le ocurrió “que una élite, unos patricios” podían resolver la crisis.

En esa encrucijada entre la violencia y la paz, un hombre llamado Hugo Chávez comenzó a recorrer el país para promover la idea de la Constituyente. Ya con el Comandante al frente de la Primera Magistratura, se produjeron dos episodios que dan fe de la catadura democrática de Chávez, como lo relató Escarrá: el Presidente aceptó la decisión de la Corte Suprema de Justicia acerca de la modificación del decreto de la constituyente y renunció a la jefatura del Estado hasta que la Constituyente lo ratificó en el cargo. También -para ejemplificar la humildad del Mandatario- compartió un episodio de la clausura de la Constituyente, en Ciudad Bolívar, durante la cual no se había incluido la intervención de Chávez y él pidió encarecidamente unos minutos que empleó, prioritariamente, para hablar sobre “los que están por nacer”. Ese es un discurso de apenas página y media, puntualizó Escarrá, pero “lleno de esperanza” y dedicado a niñas y niños.

El jurista trajo a colación, igualmente, a Manuel Azaña, quien intentó lo mejor para España pero la derecha lo obligó a entregar el Gobierno, con lo que “un gran sueño libertario se difirió”. Azaña dijo que, cuando todo pasara (la Guerra Civil, el choque entre hermanas y hermanos) los muertos darían un mensaje para que no se cometieran los mismos errores, y ese mensaje es paz, piedad y perdón. “Nosotros no queremos que eso ocurra en Venezuela, ni tiene por qué ocurrir”, insistió.

A su juicio, luego del 8-D hay cosas que empiezan a quedar atrás en Venezuela: “hay una clara mayoría de las fuerzas bolivarianas” y de quienes practican la revolución pacífica, pero hay también puntos de coincidencia sobre los cuales trabajar, como el amor a la patria y el reconocimiento de la democracia y de las instituciones.

Se puede, en su criterio, iniciar un camino de unidad nacional en medio de las adversidades. Que cada quien levante sus banderas es, sentenció, “lo correcto en una República, en una democracia”. En ese contexto, convocó a las venezolanas y los venezolanos a reconocernos y reivindicarnos como una mezcla, e insistió en que tanto el ordenamiento jurídico como las instituciones “son morenas y mestizas”.
Humberto González: Chávez “nos dejó una herencia espléndida”

El viceministro Humberto González, en su intervención, recordó algunos gestos de ruptura emprendidos por Hugo Chávez y lo que significaron. Remarcó que el gesto de la Constitución de 1999 se parece al del 5 de julio de 1811, pero con más color de pueblo. La república se refundó para poder reconstruirnos como pueblo, aseveró González.

El servidor público mencionó que una herencia del socialismo del siglo XX era la rudeza y la idea de que el heroísmo era la eliminación de los sentimientos. Por contraste, reivindicó la delicadeza de Chávez para que la Revolución siguiera siendo pacífica; especialmente, luego del golpe de Estado del 11 de abril de 2002, cuando el Presidente hizo un llamado a la paz.

El Comandante “nos signó tremendamente y nos dejó una herencia espléndida”, reconoció. Gracias a él la gente joven no sabe qué es un estado de excepción, torturas o represión, prácticas que caracterizaron a la Cuarta República. “Uno tiene que recordar qué clase de república era y qué cambios en la cotidianidad se han producido”.

González subrayó que en el país de antes no cabíamos todas y todos, pero ahora se construye una nación en la que hay lugar para todas y para todos.
T/ Vanessa Davies

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